A lo largo de mi vida he ido reflexionando sobre cómo enfocar mi vida. Sobre qué principios seguir en ella. Y hace muchos años ya determiné esos principios míos.

En cada cambio importante en mi vida me he replanteado esos mismos principios. Ahora estoy en un periodo de transición. Pasé de “no estar trabajando” a trabajar por cuenta ajena, a hacerme autónomo y trabajar como autónomo y por cuenta ajena al mismo tiempo, a ahora, lanzarme de cabeza a la piscina y dedicarme íntegramente a mi trabajo como autónomo.

En este nuevo periodo estoy haciendo cosas que desconocía por completo; enfrentándome a problemas completamente nuevos y a tener un tipo de lectura completamente diferente al que solía tener con mis intereses de programador.

Los emprendedores y los autónomos en concreto tienen una forma muy distinta de ver la vida a la que pueda tener un programador. Pero en el fondo hay muchas cosas en común. Los emprendedores tratan a personas, mientras que los programadores trabajamos con máquinas predecibles. Ante este nuevo paradigma, la metodología que pudiese usar ya no sirve. ¿Tampoco me sirve mi filosofía de vida?
Me sigue sirviendo. Y es por eso que la he conservado todo este tiempo. Porque me ha permitido afaptarme a todos los periodos de mi vida. Quizá he tenido la suerte por familia y por entorno de haber adquirido esta filosofía de vida; pero estoy enormemente agradecido de no tener que torar por tierra algo tan básico como los principios, para poder aeguir adelante con mi vida satisfactoriamente.

Mi filosofía de vida se centra en la felicidad como objetivo a corto, medio y largo plazo. Y la forma de conseguirla mediante la superación personal y la capacidad de hacer felices a los demás y de crear entornos agradables. La gente rencorosa trata de encontrar esa felicidad intentando devolver lo que recibió. Eso puede dar satisfacción a algunas personas a corto plazo. Pero no lo hace ni a medio ni a largo plazo. Estar alegre, ser feliz e intentar hacer feliz a los que quiero, evitando hacer daño a las personas irrelevantes en mi vida. Obviamente, es imposible no errar por el camino y hacer daño a las personas. Pero saber pedir perdón a tiempo, rectificar e intentar reencauzar el camino hacen que no se convierta en un mal mayor.
La única forma de ser feliz es que otros te permitan serlo, así que esto es algo que debe hacer gran parte de la gente. Yo no soy creyente, pero sí comparto este principio con los cristianos.

Mi segundo principio que se ha mantenido inmutable pese a ser precisamente el que permitía algo de mutabilidad es el ser agua: adaptarme; no tener prejuicios y replantear cualquier cosa las veces que haga falta y en el momento que haga falta. Todo el mundo sigue en parte este principio en relación al instinto de supervivencia. Para poder vivir, tienes que adaptarte. Pero puedes conformarte con adaptarte lo mínimo, lo necesario, o ser parte del recipiente en el que estás, como hace cualquier líquido o gas.
Mi principio restringe esta adaptación, al máximo exponente. Ser un gas, que se adapta al recipiente en el que está, sin ser limitado por la gravedad como el agua. Y si puedes, que no te limite siquiera el propio recipiente. Adaptarse, e ir más allá de las expectativas. Más allá de lo que parece posible.

Mi tercer principio es el análisis para alvanzar la adaptabilidad y en última instancia la satisfacción personal y la parte de felicidad correspondiente.
Aquí es donde entra la pregunta que más hacen los niños y que erróneamente hacen tan poco los adultos: “¿Por qué?”.
Es una pregunta que me hago mucho junto a otra: “¿Si fuese posible, cómo sería posible?”
¿Qué es lo que marca la diferencia? ¿Qué es lo importante, el factor determinante en este asunto? ¿Por qué he perdido y otro ha ganado? ¿Qué cosas hacen los demás bien y yo mal? ¿Qué cosas tengo que aprender para conseguir mis objetivos?
Análisis, reflexión y conocimiento. Lectura y escritura de opiniones. Creatividad; ganas de superación.
Disfrutar tanto del trayecto como de la satisfacción de llegar al camino.
Las personas necesitamos cubrir ciertos aspectos en nuestras vidas para ser felices. El cultivo personal, las relaciones sociales, el cultivo del cuerpo y de la menta, la diversión… Hay que cuidar los aspectos más importantes de nuestra vida, y vivir cada día como si fuese el último, pero trabajando para que si no lo fuese, pudieses seguir manteniendo la plenitud al día siguiente, y al siguiente del siguiente.