Judini era mi gatita. Una gata que ha estado a mi lado casi 20 años. Judini, hija de gata blanca, y la gata negra que nunca trajo mala suerte y que ahora ya no está entre nosotros.

Hace 20 años, teniendo yo 5 añitos y cuando aún no le habíamos puesto nombre y no sabíamos si era macho o hembra, la perseguía por toda la casa. Para “sobrevivir” a mis incesantes persecuciones tuvo que aprender a esconderse y a desaparecer. Como rara vez la encontrábamos, decidimos ponerle de nombre Houdini, pensando que era un macho y en honor al mago escapista. Al final resultó ser una hembra, pero ya estaba el nombre en el registro y le mantuvimos en nombre.

Judini tuvo tres hijos: dos machos y una hembra, engendrados en algún verano cuando íbamos al chalet que tuvimos en la cañada. Dos de ellos los tuvimos que dar y nos quedamos con la hembra, Margarita; una gata con piel tigresa muy bonita. La tuvimos una temporada, pero cuando crecieron ambas gatas no podían ni verse, en un hábitat tan pequeño, tenían que marcar territorio meándose en los marcos de las puertas y bufándose a la primera de turno. Sin querer abandonar a Judini, tuvimos que dar también a Margarita y seguimos con Judini.

Por mi parte Judini tardó muchos años en perdonarme todas las cosas que le hice de pequeño. En compensación yo la cuidé, protegí y mimé todo lo que pude, intentando redimir mis pecados cometidos en una joven etapa de inmadurez e inconsciencia.

Ha vivido el último periodo de su vida en casa tranquilita, como a ella más le gustaba. Le dábamos de nuestra comida a diario y se la veía siempre ilusionada por tomar un poco de leche por la mañana y algo de nuestra comida al medio día y/o por la noche.

Hoy la hemos llevado mi madre y yo al veterinario para que dejase de sufrir. Llevaba meses con un tumor en el estómago que no había hecho más que crecer e ir degenerándola. Era una gata que no se rendía nunca. Vomitaba, se caía, pero siempre se volvía a levantar. Hasta el último momento estuvo luchando por seguir adelante, y fue una decisión muy difícil, pero poco a poco iba estando peor y hubiese acabado sufriendo todavía más.

Yo lo único que puedo hacer ahora es seguir adelante, sin olvidarla pero adelante. Va a ser muy triste ir a la cocina y no ver sus cosas, no verla despertar por las mañanas al sonido de abrir el recipiente de la leche, no verla subirse a todas partes o verla dormida en cualquier silla o en su cunita.

Judini fue un regalo de cumpleaños de mi padre para mi hermana. Y más que una mascota, para mí ha sido una amiga y una hermana. Te recordaré siempre Judini.